Detalles...


En una sociedad en la que “todos” somos distintos, en la que los esfuerzos de marketing y ventas se empecinan en “hacernos” distintos, apenas algunos nos damos cuenta de que tras el bosque de diferencias implementadas, seguimos siendo iguales.
Iguales al emocionarnos, iguales al sentir alegría y sufrimiento. Iguales en nuestras necesidades de fondo, y al fin iguales ante las leyes. Porque estas son las que determinan la base del funcionamiento de la sociedad y nosotros, como individuos, no merecemos (aunque algunos lo pretendan) un trato distinto al de nuestros conciudadanos.
Y por eso cuando nos llaman ante la justicia, para aplicar la ley, da igual que lo hagamos con traje de Armani o vaqueros, con bolso de Louis Vuitton o comprado en el mercadillo, somos iguales.
Y esa igualdad ha de operar hasta el extremo de impedir que alguien cene en Nochebuena con jamón de Jabugo regalado, a cambio de favores, por un administrado. No estoy en contra del jamón, estoy en contra de la forma en que algunos lo consiguen.
Este país sigue siendo un país de dádivas. El enfermo que se ha recuperado por la intervención de un empleado público, se ve “obligado” a llevarle un “regalo”. Regalo que acaba en la basura o en cualquier lugar bien distinto al que aquel enfermo había previsto.
Este país sigue siendo un país de feudos, donde al señor feudal se le permite todo y se le ofrece más.
Donde el señor feudal tiene el derecho de exigir sus “compensaciones” por los “servicios prestados”.
Pero “querido pueblo” los señores feudales de hoy en día están en ese puesto porque “el pueblo” los ha puesto. No hay Dios que nos los imponga. Ni Cristo que los haya bendecido como señores feudales. Y todos ellos han de entrar en esa igualdad que se esconde tras el bosque.
Llevemos adelante el esfuerzo que supone arrancar algo obsoleto de nuestra cultura. Tomemos la decisión que requiere iniciar el desarraigo. Consigamos una sociedad a la altura de nuestro tiempo. Que “los ricos” no dejarán de serlo porque han acumulado sus bienes aprovechando el esfuerzo de los demás. Que “los pobres” también tienen derecho a probar el jamón de Jabugo alguna vez aunque compren sus ropas en el mercadillo de la esquina.

Patrones y roles


Un patrón es un modelo que se utiliza para conseguir otra cosa igual. Si nos referimos a las personas estaríamos aludiendo a su semejanza respecto de otra. Semejanza en cuanto a comportamiento, actitudes o simplemente a nivel físico.
Las empresas son una fuente de patrones y no porque al jefe de la empresa se le llame igualmente patrón, sino porque los comportamientos, las actitudes de las personas que se encuentran en los estamentos mas elevados están cortados por el mismo patrón.
Un patrón que empieza por el desarraigo de su condición de trabajador (cuando los mas no dejan de serlo). Un patrón que continúa con el distanciamiento de sus compañeros (porque de sus subordinados ya se distanciaron anteriormente). Un patrón que subsiste con el autoengaño de una confianza en si mismo inexistente. Un patrón que finaliza con la sustitución (las mas de las veces injustificada) de la persona. Un patrón que deriva con la deriva del individuo entre sus esperanzas, sus terrores, que no miedos, su búsqueda de errores cometidos (sin que lleguen a mostrarse), su perdida de seguridad y al final su evasión (entiéndase de forma no excesivamente drástica).
Ese esbozo del patrón, repetible en los patrones y patroncillos se ve alimentado en gran medida por los roles.
El rol, entendido no como el papel desempeñado sino como la conducta esperada por un grupo, es (o podría al menos serlo) consecuencia del reconocimiento de los patrones.
Nos encontramos en una estructura social estratificada (olvidemos por un momento las consabidas clases sociales). Esa estratificación se hace mas patente en aquellos grupos que requieren una actuación relacional y me estoy refiriendo ahora a la empresa.
La empresa, no es sino un reflejo a escala reducida de lo que es la sociedad. Una estructura cuyos elementos precisan de unos niveles interpersonales mas altos que la misma sociedad. Una estructura en la que los patrones se hallan plenamente implantados. Una estructura en la que los roles se manifiestan desde los niveles mas ínfimos hasta la cúpula empresarial.
Todo este planteamiento, fácilmente considerable como acertado, solo tiene un pequeño fallo.
Pequeño pero suficiente para intentar desbaratar su aplicación. Y si considero que es pequeño, no plantearé que es único. Es repetible en cada uno de los componentes de la empresa. Se trata de no considerar a esos componentes como personas. De olvidar que como tales tiene sus derechos (escondidos e ignorados en la estructura empresarial).
Lo lamentable de la situación no es que se abandone esa calificación por los patrones, en base al rol esperado de sus subordinados, sino que sean los subordinados los que se abandonen al rol esperado, en contra de sus convicciones personales, de sus derechos como personas y, lo mas grave, en contra de su ideología (cuando, cosa rara, esa existe).
Esto nos lleva de nuevo al patronaje, a la repetición sucesiva de comportamientos diseñados por los patrones (en el sentido de jefes). Nos acerca a la noción de rol. Un rol con patrón, un rol con ese pequeño defecto inherente: olvidar que las expectativas de comportamiento se están aplicando a personas y no a máquinas.
El origen de esta maraña se halla en lo alto de la cúpula empresarial. No en vano la “seguridad” del funcionamiento de la estructura “se basa” en esos planteamientos.
Al otro lado se encuentran las personas, con sus virtudes, defectos, capacidades y objetivos.
Y para mejorar esas estructuras tal vez hayan de ser ellas las que rompan el rol, acaben con el patrón y muestren su individualidad.
Una empresa no peligra porque sus componentes muestren sus individualidades, por olvidarse de patrones y roles. Una empresa bien entendida debe aprovechar esas diferencias para “hacerse diferente”, para beneficiarse de la diversidad (palabra de moda) y progresar con la valoración del individuo hacia metas inalcanzables de otro modo.
Los objetivos, seguirán siendo únicos, los beneficios del cambio extensivos a toda la organización. Si el camino puede resultar difícil (especialmente para los que se encuentren en los puestos directivos: patrones) el beneficioso resultado compensará ampliamente el esfuerzo.
Por el comienzo de un camino hacia esa nuevo objetivo, levanto mi voz esperanzado.
Caminemos, que hacerlo sea un patrón para romper los patrones y convencer al patrón del beneficio del camino.

Abstención

Abstención: renuncia voluntaria a hacer algo. Es la renuncia a la acción, es la negación de la acción, matizada por la voluntariedad.
Así visto, es el ejercicio de un derecho, es un ejercicio de la voluntad. Cuando se aplique a cualquier acto, puede tener sentido esa definición pero el propio diccionario aplica el término especialmente a votar en unas elecciones.
Sigue siendo voluntaria la renuncia a la acción de votar, pero deberíamos analizar la “voluntariedad” del acto de rechazar un derecho. Rechazar algo optativo es ejercer el derecho a la libertad de elegir. Rechazar un derecho tiene otro nombre. Tiene otro significado mas allá de la abstención. Nadie se plantea la renuncia a un derecho fácilmente. Todos tenemos dentro de nuestro ideario la premisa permanente de ejercer nuestros derechos y, día a día, rutinaria o intencionadamente cumplimos con ella. Cumplimos al elegir el yogur de la segunda fila en el supermercado (estará mas fresco), al seleccionar la butaca del cine al que asistiremos, y así de la mañana a la noche, de forma que solo renunciaremos a algo cuando entendamos que no es bueno para nosotros. Porque ante todo está nuestro derecho a la supervivencia, ante el que nunca seremos capaces de formular una renuncia.
La sociedad actual se viene regulando por el ejercicio de un derecho, el derecho a elegir a los representantes que planificarán sus derechos durante un determinado periodo de tiempo. Derechos que serán marcados según la ideología (o carencia de ella) de quienes resulten elegidos para tal fin.
Visto de esta forma, resulta mas importante que elegir el yogur adecuado por su situación en el estante o la fecha de caducidad. Con este planteamiento, la abstención cobraría un significado perverso, la perversión de que su ejercicio, voluntario, nos está inclinando hacia una elección contra nosotros mismos.
Siempre he mantenido, en el terreno laboral, que la no afiliación es una consecuencia de la ausencia de conciencia de la situación como trabajador. Y siempre he ido mas allá planteando que no se trata de que los trabajadores, concienciados de serlo, deban afiliarse a un sindicato concreto. Cualquiera serviría.
No pretendo que por el hecho de ser ciudadanos nos veamos obligados a la afiliación a un partido político. Ni mucho menos. Mientras que la afiliación a un sindicato, como trabajadores, supone dar soporte a una estructura para su defensa frente al empresario, la afiliación política significa disposición a la colaboración y eso no es exigible, es plenamente voluntario.
No obstante, de la afiliación política a la participación en un proceso de votaciones hay un paso bien largo. Votar no es colaboracionismo con un partido, es colaboración con el sistema democrático que todos hemos aceptado como el menos malo. Y esa colaboración sí puede considerarse “obligada”, como parte de nuestra responsabilidad social y en mayor medida como ejercicio de un derecho irrenunciable.
Si alguien quisiera entender que su negación a la participación es una forma de protesta contra quienes están representándonos, los partidos con representación en el Parlamento, debería plantearse si esa forma de hacerlo es la adecuada. Si la abstención representase “votos en contra” de los representantes, difícilmente se podría sostener la renuncia a un derecho como vía para ello. Mas adecuado sería el voto en blanco, que acabaría significando que ejerzo mi derecho pero ningún candidato se merece mi voto.

Primavera

Llegó la primavera.....
Hace ya tiempo en una tira de Quino (gran filosofo y dibujante) creo que fue Miguelito (amigo de Mafalda) el que dijo junto a su amiga: “Llegó la primavera”, mientras que sentados en un banco del parque un anciano le decía a otro : “llegué a la primavera”.
Banal, tal vez baladí o tal vez todo lo contrario.
Durante muchos lustros, generaciones y civilizaciones, la forma de medir el paso del tiempo la ha venido marcando la naturaleza. El reverdecer de los campos era señal del propio resurgir, de que la vida tiene una esperanza en si misma, porque la naturaleza la ha puesto ahí.
Ese enfoque de la existencia hacía la estimación del tiempo en términos evidentes, hacía que se entendiese como una participación en la propia naturaleza.
Hoy, apartados de la naturaleza, aferrados a las tecnologías (que no son sino su antítesis), al cemento, al ladrillo, nos vemos inmersos en una secuencia de elementos y acontecimientos que nos marcan el paso del tiempo de forma desordenada, sin control, sin medida.
Y, el extremo mas alarmante de esa falta del control del paso del tiempo, es el empecinamiento en que sean los ciclos económicos los que marquen nuestra existencia, los que condicionen nuestro futuro, los que limiten nuestro presente. Por ello ya no sabemos si será cierto en que plazo de tiempo, marcado tecnológicamente, nuestra situación será mejor o irá a peor.
Nos hemos apartado de las señales que utilizaron nuestros antepasados y que ya no reconocemos, no las observamos y menos aún nos llegan a producir cualquier tipo de emoción. Ya no nos dejamos conquistar por los “misterios” de la naturaleza, no forman parte de nuestra existencia y casi ni de nuestra memoria.
Por eso cuando alguien me envió una foto de un cerezo florido me alegré al pensar que todo no está perdido porque inconscientemente fue seducido por el resurgir de la planta. Por eso he colgado en mi escritorio una foto de un frutal florido (no me preguntéis de que tipo de árbol, no lo se).
Pero lo que está aquí escrito, no lo ha traído la primavera, es parte de esa cultura tecnológica. Es parte de esos elementos que nos acaban atrapando y nos impiden ver mas allá. Aún así, no creo que sea del todo malo, si apenas sirviese para una pequeña reflexión de alguien que se atreva a leerlo.
Hoy la economía nos marca el camino, nos conduce a nuestro destino indicándonos como actuar, según los puntos de sus continuos y acelerados ciclos.
Y nos dejamos guiar porque ya nos nos preocupa lo que nuestros antepasados tenían por prioritario: llenar la despensa. Nos causa angustia el no saber si el sistema económico será, en el futuro, capaz de soportar nuestra carga o nos abandonará en medio del camino. Nos inquieta no saber si podremos mantener el “nivel de vida” al que la misma sociedad no ha conducido. Y esas preocupaciones se acrecientan porque los “ciclos” económicos no son ciertos, no son como las estaciones.
De forma que ya no nos alegra pensar que “llegó la primavera” y tampoco nos consuela saber que “llegamos a la primavera”.
¿Que nos puede ayudar ahora? Tal vez volver la vista atrás, tal vez, tal vez.............

Vanidad, orgullo....


Siempre he tenido verdaderos problemas acerca del significado de algunas palabras. Esto que para cualquiera puede ser insignificante, para mí, casi obsesionado por la comunicación eficaz, supone un problema a resolver. Y creo que ha llegado el momento de aprender.
Empezaré por la última “acusación” formulada hacia mi persona: vanidad.
Rebuscando en etimologías y definiciones, he flipado (palabra de nuestro diccionario) con los resultados.
La wikipedia apunta: “La vanidad es la excesiva confianza y creencia de la propia capacidad y atracción muy por encima de otras personas y cosas”. Bonita “definición” pero falta de objetividad pues ¿a partir de que nivel se debe considerar excesivo? y ¿como conocer los niveles de atracción de quienes nos rodean?.
Menos mal que el loco de Nietzsche acude en mi socorro cuando escribió lo siguiente al respecto: "La vanidad es la ciega propensión a considerarse como individuo no siéndolo..."
Si a lo largo de las parrafadas vertidas en este blog, quedase atisbo de pretensión en el sentido que el alemán citado expresó, agacharé la cabeza y con humildad rasgaré mi capa y modificaré mi comportamiento (difícil tarea).
Aunque no sirva, por subjetiva, mi opinión, creo no haber caído en ese defecto y sin embargo lo veo continuamente a mi alrededor (en esa casa de locos y fuera de ella). Hoy pululan por la casa (y por las calles), en múltiples de sus rincones, sujetos que muestran su vanidad hasta la saciedad, cuando sus actos y obras les delatan continuamente.
Conocerse a uno mismo es el camino que algunos hemos emprendido hace mucho tiempo, sabiendo nuestras limitaciones confiando con mesura en nuestras capacidades.
La vanidad esconde en esos personajes su propia y limitada capacidad, y su comportamiento deriva de calzar una coraza de oro fino que tarde o temprano acabará quebrándose y mostrando la podredumbre de su interioridad.
Orgullo, casi sinónimo de vanidad, es una palabra compleja en sus diversos significados. Es el primero de los siete pecados capitales que Santo Tomás de Aquino relacionó (sirva para los “creyentes”). Y en esa apreciación negativa del concepto, se llega a definir como la sobrevaloración de uno mismo frente a los demás.
La variedad de los significados de esta palabra llega a la paradoja.
Paradójico es que signifique en ocasiones tener un nivel de autoestima adecuada y paradójico es que cuando se utiliza en relación a otras personas o cosas signifique algo positivo, y se considere como algo que cubre nuestras expectativas, valioso para nosotros.
Considero que hasta ahora, en mi ámbito de expresión, entendía el orgullo en su significado negativo, como algo a condenar y condenable en muchos casos por llegar a la sobrevaloración absoluta.
Cuando alguien me pregunta ¿que tal? siempre contesto preguntando si se trata de una pregunta retórica, pretendiendo indagar si su contenido alcanza la realidad o se limita al uso pomposo del lenguaje. ¿Motivo? pues que tratándose de una pregunta retórica no merece una contestación real y acabo diciendo “bien”, aunque sea mentira.
¿Porque introducir esta cuestión?: Pues porque si esa pregunta se realiza a alguien y la respuesta es “yo muy bien como siempre” posiblemente nos encontremos con alguien afectado de orgullo, que “por orgullo” esconde su situación real y en lugar de recurrir a otra retorica contestación al uso “bien ¿y tú?", se explaya en su propio ego y su superioridad para mostrarnos lo que realmente es: un orgulloso.

Dedicado a Felipe.....

Cuando tienes treinta años no pasa por tu cabeza que un día llegaras a los sesenta o sesenta y cinco y dejarás de trabajar.
Cuando tienes treinta años aspiras a “dejar huella” poniendo tu esfuerzo (las mas de las veces infravalorado) en que tu trabajo sea algo especial.
Cuando tienes treinta años, te excitan los retos, te apasionan las ideas que van surgiendo y hasta llegas a emocionarte si (aunque sea por casualidad) alguien valora tu trabajo o tus ideas.
Cuanto tienes treinta años te empeñas hasta la extenuación en mostrarte y mostrar a los demás tus capacidades, como queriendo manifestar que lo que ya has aprendido, puedes y debes ponerlo en práctica.
Pero no siempre se tienen treinta años. El tiempo pasa, inexorable, monótono y adormecedor.
Y ese tiempo, que va pasando para ti, ha pasado antes para otros que recorrieron antes el camino, que tropezaron repetidamente con las piedras que hoy tienes a tus pies y te invitan a caer.
Pero de nada sirve que la senda que recorres, la hayan pisado con anterioridad, la hayan cuidado y hasta la hayan trazado para que otros como tu tengan un paso mas firme. Les ignoras, les menosprecias porque “ya no tienen treinta años como tu”. Y aunque no siempre sea menosprecio, si lo es hacer caso omiso de las indicaciones que pueden ofrecerte.
Vuelvo a repetir que la experiencia no se gana con las series de acontecimientos que nos van sucediendo sino con la reflexión sobre ellos. De este modo puedes tener treinta años y mas experiencia que “algunos” de sesenta y cinco, pero difícilmente superaras a quien con esa edad ha sabido reflexionar en su acumulo de acontecimientos.
Asumir el cumplir años no se hace fácil cuando la sociedad te está trasladando continuamente directa o soterradamente mensajes de los valores de la juventud. Mensajes que por otra parte se quedan en la pura imagen, elemento que ya se han ocupado de que llegue a tener mas valor que cualquiera de aquellos otros que puedan considerarse en la persona.
En unos momentos históricos en los que en nuestro país la pirámide de edad se está invirtiendo, pretender que los “valores” de la juventud orienten nuestras vidas es despreciar a la mayoría (actitud claramente antidemocrática). Pero los “valores” de los que ya no tienen treinta años no “venden”, no llegan al ciudadano. El motivo ya se ha expuesto, continuamente se han exarcerbado los “valores de la juventud”, siempre en detrimento de otras alternativas.
Una de esas alterativas es llana y sencillamente, aplaudir a manos llenas a nuestros compañeros que tras una vida de dedicación al trabajo se han ganado, bien merecidamente, un descanso. De ellos, los que hemos prestado atención, hemos aprendido. Por ellos hemos encontrado mas llano el camino. Y por ellos seguiremos en nuestro peregrinar hasta que nos llegue el momento de nuestro descanso. Un descanso que nos sirva para seguir creciendo en valores personales, en nuevos acontecimientos vividos, en mas conocimientos afianzados en una experiencia reflexiva y enriquecedora.
La vida puede empezar a los sesenta y cinco y no acabar nunca.......

La potenciación

¡Que poco dura un momento! ¡Que poco dura una vida! Y como nos empecinamos muchos en malgastar los minutos, las horas. Y aún peor como nos empecinamos algunos en destrozar las vidas de los demás por el mero hecho de hacerlo.
De vuelta a la realidad, a esa realidad que no nos abandona, que nos cubre de apatía, de rutina insulsa.
El lento regresar a esa realidad se va produciendo.
Se van repitiendo las situaciones pasadas, superadas y hoy de nuevo pendientes para demostrar valías y méritos inexistentes.
Apenas un suceso para caer una vez mas al suelo.
A lo largo de mi vida laboral he ido reencontrandome con situaciones ya vividas. Hoy he vuelto a revivir una de ellas que tenía casi olvidada.
Potenciar la impresión de capacidad de un trabajador no es tarea fácil para algunos. En cambio otros, sin necesidad de hacerlo, lo llevan a cabo para mérito propio. Esa es la situación que hace historia.
Y esta es la historia. Empieza cuando tras un proceso selectivo “claro y limpio” un empleado ha conseguido “su” plaza, porque “ha demostrado” su capacidad mas allá de “toda duda razonable”.
Lo que no ha demostrado, pero “demostrará” es su capacidad no sólo para desempeñar las funciones de “su” plaza tan “merecidamente” conseguida, sino para cualquier otro menester que con sabiduría le sea “sugerido” por quien se siente pleno poseedor de la “verdad”.
La sugerencia no es sino aquello a lo que muchos trabajadores previamente, han tenido que enfrentarse y han resuelto con capacidad.
Para el “nuevo” empleado, la sugerencia es algo sorprendente, elevado y maravilloso. Algo desconocido que confía dominar y que, lejos de la realidad, considera de “vital” importancia y trascendencia.
Se ha resuelto la potenciación. No se ha resuelto el hecho de que otros que hacían esa función se encuentren realizando otras aún menos importantes. No se ha resuelto la necesidad real. Porque lo que ha importado en todo el proceso no ha sido otra cosa que potenciar al “nuevo empleado”, para ganar, de ese modo, puntos frente a quien le recomendó participar en las “objetivas pruebas de selección”.
Casando el proceso con los comentarios del principio, queda claro que esa actuación es una perdida de tiempo. Queda claro que la afectación de otros trabajadores a nadie le importa.
Y van pasando los momentos, y va pasando la vida.... en esta casa de locos.

Otro año, otros propositos

Todas las civilizaciones tienen marcado en su calendario uno o varios momentos, a lo largo del año en los que se proponen la “renovación de sus vidas” ligada a los cambios de ciclo.
El inicio del año (señalado cambio de ciclo) es, para muchos, el inicio de nuevos y buenos propósitos: dejar de fumar, hacer ejercicio, comportarse mejor con la/el parienta/e, adelgazar un poco....
Hoy, aquí, quiero hacer nuevas propuestas de renovación, con intención de sumarlas a las anteriores pero con el propósito de que no queden en meras intenciones (como sucede habitualmente con aquellas): Renovarnos como individuos, dando rienda suelta a nuestras capacidades personales y sociales, escuchando a quienes nos rodean (no solo oyéndolos), apoyando a quienes se esfuerzan por un mañana mejor sin esperar recompensa, enfrentándonos a quienes quieren destrozar nuestra vida y nuestras ilusiones, cultivando la alegría que debe dar haber llegado a un año mas, compartiendo nuestras ilusiones y esperanzas, enfrentándonos a nuestros miedos y pesadillas con valor, y sobre todo intentando, hasta conseguirlo, que el sentido común invada nuestro día a día, sin dejar hueco para las envidias, las afrentas o, porque no incluirlo, las malas ideas.
Quien, temeroso, haya leído lo anterior pensará que el blog ha cambiado de autor o que el autor ha cambiado. Ni lo uno ni lo otro. Estar alejado del puesto de trabajo hace que se tenga perspectiva para ilusionarse pensando en lo que debería ser y no fue. El síndrome del "viaje de bodas" nos acaba afectando a todos. Pero hasta que llegue el enfrentamiento disfrutemos utópicamente de una realidad posible, aunque difícil.
Bienvenidos a todos a este nuevo año, reto, como otros, de nuevos acontecimientos que nos harán vibrar y sufrir pero que sobre todo nos recordarán que seguimos ahí, en esa brecha que como el rayo “no cesa”.

La busqueda (en esta casa de locos RTVV)

Antes de destruida Sodoma, Abraham intervino ante Dios argumentando que una decena de justos justificaría su salvación: “No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez” pero no consiguió reunir ni esa decena.
Sin ser Abraham voy buscando, en esta casa de locos, y en alguna esquina voy encontrando, ayer uno, otro hoy y tal vez mañana alguno mas. Llegar a la decena es mi objetivo, para justificar que no todo está perdido, para pensar que hay soluciones en esta casa de locos.
Ayer saludé a alguien que tras ser aplastado por la casa, ha superado, espero fervientemente que con éxito, su miedo, su angustia y desasosiego, recuperando su empeñada alma. Y va...uno. Uno que esta intentando superar su degradación, recuperar su profesionalidad (no perdida sino escondida) y sobre todo su confianza en si mismo. Poco a poco irá progresando en su tarea hasta llegar a ser uno de los buscados, uno de los justos.
Ya de tarde, sin esperarlo surgió desde mi ignorancia y su sufrimiento otra persona. Perdida, cansada, agitada y débil, pero con la fuerza del luchador que teniendo el cuerpo lleno de heridas lanza a gritos su divisa para atacar (desde la justicia que ha de otorgarse al justo) la injusticia que ha venido padeciendo en silencio, veladamente.
Pasa el tiempo y no aparecen mas. Haciendo memoria hay uno, desaparecido y reaparecido, que ha encontrado la fuerza para seguir aquí a través del empuje que encontró en su familia. Justo es su reconocimiento. Y van tres...
Quede claro, para quien siga estas lineas que no pretendo concluir que sólo aquellos cuyo sufrimiento ha sido evidente serían los que se salven, no hay mártires en esta historia.
En mi esfuerzo por la objetividad en la selección de los elegidos incluyo a alguien que a pesar del paso del tiempo, del mal hacer que ha encontrado a su alrededor, ha sabido proteger a un grupo de personas y conducirlas racionalmente, con equidad y justicia. Van cuatro....
Me quedo sin ideas y sin recuerdos, y a pesar de ello sigo buscando a quien sea digno de ser justo.
Desgrano los perfiles, los actos, las palabras, las intenciones, para encontrar mas justos, alguno (sin quererlo) se escapa. Cuando giro la cabeza veo a los triunfadores, a los que consiguen sus propósitos, a los que “todo” les sale bien porque su sabiduría es “infinita” y no comenten errores. Pero arañando en su cascarón observo que todo lo que han conseguido ha sido a base de mentiras, de engaños, de manipulaciones, de adueñarse del trabajo de otros y eso no es justo ni ellos tampoco son justos. Siguen cuatro ...... estamos en cuadro.
Tal vez mi esfuerzo no se verá recompensado, me estoy dando por vencido, ganado por la situación que atraviesa esta casa de locos.
Entran en mi mente dos personas que han “defendido” a sus compañeros con tesón, firmeza y justicia durante largo tiempo, sin interés personal. Sean considerados tambien ellos justos. Y van seis..... pero seguimos en cuadro.
Me doy por vencido no son suficientes y el momento llega. En silencio, con sufrimiento para todos, justos y pecadores, el final se avecina. La casa de locos quedará convertida en sombras. Apenas seis destellos de los justos que se confunden en la inmensidad de la sombra.
Esta es la “foto” del momento, un momento repetible indefinidamnete si no somos capaces de ir añadiendo justos a esta lista incierta y subjetiva.

Agonía (en esta casa de locos RTVV)

Tal vez, al escribir Lorca estos dos versos, no se hallase en uno de sus mejores momentos, tal vez invadido por una aflicción extrema no encontrase formula mas adecuada para definir su entorno y tal vez a sí mismo dentro de el:
"Agonía agonía, sueño, fermento y sueño.
Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía."
Hoy, aquí, no deseo, no puedo discrepar de la sentencia. Porque a mi alrededor solo veo amargura. Penas alimentadas por las propias penas y por las de los que tenemos cerca. Y, a quienes mas cerca tenemos son a nuestros antiguos compañeros, tan antiguos que han dejado de serlo. Tan cansados que ya no pueden compartir su pesar.
Si esto ha de ser un continuo, si pasadas las fiestas, la situación sigue siendo la misma, mal empezaremos el año y peor serán las fechas siguientes.
Pensar que fuera hace mas frío no ayuda a superar la situación. No estamos en disposición de comparar. Se trata, en todo caso, de mejorar, de recuperar algo recientemente perdido. Pero toda recuperación es un proceso lento, agónico y no siempre posible.
Como siempre puedo equivocarme, puedo caer en un lamentable error de apreciación y en otro mas lamentable de interpretación.
Por eso, a quienes malgastáis vuestro precioso tiempo, entresacando ideas de estas enrevesadas letras, a quienes conociendo esta casa de locos o sin conocerla habéis llegado a entrever su estado, os ruego iluminación. Esa luz que hace falta para seguir el camino sin perderse, para descubrir los recovecos, para llegar enteros a algún puerto....... a alguno.