Dedicado a Felipe.....

Cuando tienes treinta años no pasa por tu cabeza que un día llegaras a los sesenta o sesenta y cinco y dejarás de trabajar.
Cuando tienes treinta años aspiras a “dejar huella” poniendo tu esfuerzo (las mas de las veces infravalorado) en que tu trabajo sea algo especial.
Cuando tienes treinta años, te excitan los retos, te apasionan las ideas que van surgiendo y hasta llegas a emocionarte si (aunque sea por casualidad) alguien valora tu trabajo o tus ideas.
Cuanto tienes treinta años te empeñas hasta la extenuación en mostrarte y mostrar a los demás tus capacidades, como queriendo manifestar que lo que ya has aprendido, puedes y debes ponerlo en práctica.
Pero no siempre se tienen treinta años. El tiempo pasa, inexorable, monótono y adormecedor.
Y ese tiempo, que va pasando para ti, ha pasado antes para otros que recorrieron antes el camino, que tropezaron repetidamente con las piedras que hoy tienes a tus pies y te invitan a caer.
Pero de nada sirve que la senda que recorres, la hayan pisado con anterioridad, la hayan cuidado y hasta la hayan trazado para que otros como tu tengan un paso mas firme. Les ignoras, les menosprecias porque “ya no tienen treinta años como tu”. Y aunque no siempre sea menosprecio, si lo es hacer caso omiso de las indicaciones que pueden ofrecerte.
Vuelvo a repetir que la experiencia no se gana con las series de acontecimientos que nos van sucediendo sino con la reflexión sobre ellos. De este modo puedes tener treinta años y mas experiencia que “algunos” de sesenta y cinco, pero difícilmente superaras a quien con esa edad ha sabido reflexionar en su acumulo de acontecimientos.
Asumir el cumplir años no se hace fácil cuando la sociedad te está trasladando continuamente directa o soterradamente mensajes de los valores de la juventud. Mensajes que por otra parte se quedan en la pura imagen, elemento que ya se han ocupado de que llegue a tener mas valor que cualquiera de aquellos otros que puedan considerarse en la persona.
En unos momentos históricos en los que en nuestro país la pirámide de edad se está invirtiendo, pretender que los “valores” de la juventud orienten nuestras vidas es despreciar a la mayoría (actitud claramente antidemocrática). Pero los “valores” de los que ya no tienen treinta años no “venden”, no llegan al ciudadano. El motivo ya se ha expuesto, continuamente se han exarcerbado los “valores de la juventud”, siempre en detrimento de otras alternativas.
Una de esas alterativas es llana y sencillamente, aplaudir a manos llenas a nuestros compañeros que tras una vida de dedicación al trabajo se han ganado, bien merecidamente, un descanso. De ellos, los que hemos prestado atención, hemos aprendido. Por ellos hemos encontrado mas llano el camino. Y por ellos seguiremos en nuestro peregrinar hasta que nos llegue el momento de nuestro descanso. Un descanso que nos sirva para seguir creciendo en valores personales, en nuevos acontecimientos vividos, en mas conocimientos afianzados en una experiencia reflexiva y enriquecedora.
La vida puede empezar a los sesenta y cinco y no acabar nunca.......

La potenciación

¡Que poco dura un momento! ¡Que poco dura una vida! Y como nos empecinamos muchos en malgastar los minutos, las horas. Y aún peor como nos empecinamos algunos en destrozar las vidas de los demás por el mero hecho de hacerlo.
De vuelta a la realidad, a esa realidad que no nos abandona, que nos cubre de apatía, de rutina insulsa.
El lento regresar a esa realidad se va produciendo.
Se van repitiendo las situaciones pasadas, superadas y hoy de nuevo pendientes para demostrar valías y méritos inexistentes.
Apenas un suceso para caer una vez mas al suelo.
A lo largo de mi vida laboral he ido reencontrandome con situaciones ya vividas. Hoy he vuelto a revivir una de ellas que tenía casi olvidada.
Potenciar la impresión de capacidad de un trabajador no es tarea fácil para algunos. En cambio otros, sin necesidad de hacerlo, lo llevan a cabo para mérito propio. Esa es la situación que hace historia.
Y esta es la historia. Empieza cuando tras un proceso selectivo “claro y limpio” un empleado ha conseguido “su” plaza, porque “ha demostrado” su capacidad mas allá de “toda duda razonable”.
Lo que no ha demostrado, pero “demostrará” es su capacidad no sólo para desempeñar las funciones de “su” plaza tan “merecidamente” conseguida, sino para cualquier otro menester que con sabiduría le sea “sugerido” por quien se siente pleno poseedor de la “verdad”.
La sugerencia no es sino aquello a lo que muchos trabajadores previamente, han tenido que enfrentarse y han resuelto con capacidad.
Para el “nuevo” empleado, la sugerencia es algo sorprendente, elevado y maravilloso. Algo desconocido que confía dominar y que, lejos de la realidad, considera de “vital” importancia y trascendencia.
Se ha resuelto la potenciación. No se ha resuelto el hecho de que otros que hacían esa función se encuentren realizando otras aún menos importantes. No se ha resuelto la necesidad real. Porque lo que ha importado en todo el proceso no ha sido otra cosa que potenciar al “nuevo empleado”, para ganar, de ese modo, puntos frente a quien le recomendó participar en las “objetivas pruebas de selección”.
Casando el proceso con los comentarios del principio, queda claro que esa actuación es una perdida de tiempo. Queda claro que la afectación de otros trabajadores a nadie le importa.
Y van pasando los momentos, y va pasando la vida.... en esta casa de locos.

Otro año, otros propositos

Todas las civilizaciones tienen marcado en su calendario uno o varios momentos, a lo largo del año en los que se proponen la “renovación de sus vidas” ligada a los cambios de ciclo.
El inicio del año (señalado cambio de ciclo) es, para muchos, el inicio de nuevos y buenos propósitos: dejar de fumar, hacer ejercicio, comportarse mejor con la/el parienta/e, adelgazar un poco....
Hoy, aquí, quiero hacer nuevas propuestas de renovación, con intención de sumarlas a las anteriores pero con el propósito de que no queden en meras intenciones (como sucede habitualmente con aquellas): Renovarnos como individuos, dando rienda suelta a nuestras capacidades personales y sociales, escuchando a quienes nos rodean (no solo oyéndolos), apoyando a quienes se esfuerzan por un mañana mejor sin esperar recompensa, enfrentándonos a quienes quieren destrozar nuestra vida y nuestras ilusiones, cultivando la alegría que debe dar haber llegado a un año mas, compartiendo nuestras ilusiones y esperanzas, enfrentándonos a nuestros miedos y pesadillas con valor, y sobre todo intentando, hasta conseguirlo, que el sentido común invada nuestro día a día, sin dejar hueco para las envidias, las afrentas o, porque no incluirlo, las malas ideas.
Quien, temeroso, haya leído lo anterior pensará que el blog ha cambiado de autor o que el autor ha cambiado. Ni lo uno ni lo otro. Estar alejado del puesto de trabajo hace que se tenga perspectiva para ilusionarse pensando en lo que debería ser y no fue. El síndrome del "viaje de bodas" nos acaba afectando a todos. Pero hasta que llegue el enfrentamiento disfrutemos utópicamente de una realidad posible, aunque difícil.
Bienvenidos a todos a este nuevo año, reto, como otros, de nuevos acontecimientos que nos harán vibrar y sufrir pero que sobre todo nos recordarán que seguimos ahí, en esa brecha que como el rayo “no cesa”.

La busqueda (en esta casa de locos RTVV)

Antes de destruida Sodoma, Abraham intervino ante Dios argumentando que una decena de justos justificaría su salvación: “No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez” pero no consiguió reunir ni esa decena.
Sin ser Abraham voy buscando, en esta casa de locos, y en alguna esquina voy encontrando, ayer uno, otro hoy y tal vez mañana alguno mas. Llegar a la decena es mi objetivo, para justificar que no todo está perdido, para pensar que hay soluciones en esta casa de locos.
Ayer saludé a alguien que tras ser aplastado por la casa, ha superado, espero fervientemente que con éxito, su miedo, su angustia y desasosiego, recuperando su empeñada alma. Y va...uno. Uno que esta intentando superar su degradación, recuperar su profesionalidad (no perdida sino escondida) y sobre todo su confianza en si mismo. Poco a poco irá progresando en su tarea hasta llegar a ser uno de los buscados, uno de los justos.
Ya de tarde, sin esperarlo surgió desde mi ignorancia y su sufrimiento otra persona. Perdida, cansada, agitada y débil, pero con la fuerza del luchador que teniendo el cuerpo lleno de heridas lanza a gritos su divisa para atacar (desde la justicia que ha de otorgarse al justo) la injusticia que ha venido padeciendo en silencio, veladamente.
Pasa el tiempo y no aparecen mas. Haciendo memoria hay uno, desaparecido y reaparecido, que ha encontrado la fuerza para seguir aquí a través del empuje que encontró en su familia. Justo es su reconocimiento. Y van tres...
Quede claro, para quien siga estas lineas que no pretendo concluir que sólo aquellos cuyo sufrimiento ha sido evidente serían los que se salven, no hay mártires en esta historia.
En mi esfuerzo por la objetividad en la selección de los elegidos incluyo a alguien que a pesar del paso del tiempo, del mal hacer que ha encontrado a su alrededor, ha sabido proteger a un grupo de personas y conducirlas racionalmente, con equidad y justicia. Van cuatro....
Me quedo sin ideas y sin recuerdos, y a pesar de ello sigo buscando a quien sea digno de ser justo.
Desgrano los perfiles, los actos, las palabras, las intenciones, para encontrar mas justos, alguno (sin quererlo) se escapa. Cuando giro la cabeza veo a los triunfadores, a los que consiguen sus propósitos, a los que “todo” les sale bien porque su sabiduría es “infinita” y no comenten errores. Pero arañando en su cascarón observo que todo lo que han conseguido ha sido a base de mentiras, de engaños, de manipulaciones, de adueñarse del trabajo de otros y eso no es justo ni ellos tampoco son justos. Siguen cuatro ...... estamos en cuadro.
Tal vez mi esfuerzo no se verá recompensado, me estoy dando por vencido, ganado por la situación que atraviesa esta casa de locos.
Entran en mi mente dos personas que han “defendido” a sus compañeros con tesón, firmeza y justicia durante largo tiempo, sin interés personal. Sean considerados tambien ellos justos. Y van seis..... pero seguimos en cuadro.
Me doy por vencido no son suficientes y el momento llega. En silencio, con sufrimiento para todos, justos y pecadores, el final se avecina. La casa de locos quedará convertida en sombras. Apenas seis destellos de los justos que se confunden en la inmensidad de la sombra.
Esta es la “foto” del momento, un momento repetible indefinidamnete si no somos capaces de ir añadiendo justos a esta lista incierta y subjetiva.

Agonía (en esta casa de locos RTVV)

Tal vez, al escribir Lorca estos dos versos, no se hallase en uno de sus mejores momentos, tal vez invadido por una aflicción extrema no encontrase formula mas adecuada para definir su entorno y tal vez a sí mismo dentro de el:
"Agonía agonía, sueño, fermento y sueño.
Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía."
Hoy, aquí, no deseo, no puedo discrepar de la sentencia. Porque a mi alrededor solo veo amargura. Penas alimentadas por las propias penas y por las de los que tenemos cerca. Y, a quienes mas cerca tenemos son a nuestros antiguos compañeros, tan antiguos que han dejado de serlo. Tan cansados que ya no pueden compartir su pesar.
Si esto ha de ser un continuo, si pasadas las fiestas, la situación sigue siendo la misma, mal empezaremos el año y peor serán las fechas siguientes.
Pensar que fuera hace mas frío no ayuda a superar la situación. No estamos en disposición de comparar. Se trata, en todo caso, de mejorar, de recuperar algo recientemente perdido. Pero toda recuperación es un proceso lento, agónico y no siempre posible.
Como siempre puedo equivocarme, puedo caer en un lamentable error de apreciación y en otro mas lamentable de interpretación.
Por eso, a quienes malgastáis vuestro precioso tiempo, entresacando ideas de estas enrevesadas letras, a quienes conociendo esta casa de locos o sin conocerla habéis llegado a entrever su estado, os ruego iluminación. Esa luz que hace falta para seguir el camino sin perderse, para descubrir los recovecos, para llegar enteros a algún puerto....... a alguno.

Un clavo (en esta casa de locos)

Un clavo es lo que hace falta para “salvarse”. Un clavo que sirva de apoyo. Débil pero firme. Pequeño pero suficiente para soportar nuestro peso.
Todos y cada uno de nosotros vivimos, subsistimos, gracias a los clavos que vamos encontrando por el camino. Hay momentos en los que el clavo aguanta y otros en los que parece que va a dejarnos caer.
En esos momentos buscamos los motivos, las causas que han provocado nuestra precaria situación. A veces aparecen, otras las ocultamos porque hemos descubierto lo poco sensatas que fueron.
Dicen que la sabiduría se alcanza cuando se es capaz de reconocer los errores.
Sin ser sabio, uno debe darse cuenta de donde nos encontramos en esta casa de locos: en un punto sin retorno.
Si en un momento anterior planteaba la necesidad de un buen trato, un buen convenio, hoy he de reconocer que cuando te enfrentas a una situación en la que una de las partes es inamovible hay que plantearse la estrategia del junco. Doblarse para no romperse. ¿Porque? Porque cuando en tus pies no tienes el suficiente apoyo, cuando a tu lado no hay nadie que se mantenga erguido contigo, la alternativa mas prudente para seguir sujeto es doblarse.
Que sea la mas razonable no es que sea la mas fácil. El esfuerzo de doblarse es mas duro de lo que puede parecer. A pesar de intentar, por todos los medios convencer de que la decisión es buena, siempre está el que se siente traicionado porque no se han defendido sus derechos.
En un conjunto lo suficientemente amplio de trabajadores siempre habrá alguien descontento con cualquier acuerdo porque considere que su situación personal empeora. Pero un convenio no se firma para favorecer a una minoría, aunque deba respetarse, se firma porque una mayoría decide hacerlo. Con todas las consecuencias.
Resulta difícil de creer que la capacidad de negociación de los interlocutores en esta casa de locos se haya acabado. ¿Donde han ido a parar las enseñanzas de tanto máster en negociación?
¿Como es posible que en una empresa pública de este calibre la negociación no sea posible? ¿Como compaginar esta situación con la firma generosa y apresurada del Convenio de Función Pública?
Si la siguiente pregunta fuese ¿que tiene de especial esta casa de locos? alguien se atrevería a contestar e incluso a acertar la respuesta (yo aún barruntandola no la diré por temor de herir algún sentimiento, por oculto y difícil que fuere).
Lo lamentable de los clavos es que solo nos sujetan a cada uno. El “compañero” ya agarrará otro clavo. De forma que si las relaciones entre compañeros antes de este proceso “negociador” eran cortas y difíciles, ahora son inexistentes. Han conseguido, tras la alquimia practicada, la separación de los elementos, los individuos, que lo son mas ahora y, gracias a ese sentirse solo, quien acaba ganando es el que nunca ha necesitado “compañeros”, el que desde su más caro sillón urde sin compasión estrategias desestabilizadoras de la armonía laboral, porque su interés va en otro sentido y porque nunca ha sentido compañerismo a lo largo de su vida y mucho menos amistad con cualquier otro individuo (dicho sea sin ánimo de herir).
Tal vez sea el momento de mirar al lado para ver si aún queda algún “compañero” que nos eche una mano. Tal vez sea momento de no mirar porque a lo peor no lo vamos a encontrar.....
Que cada uno se agarre a su clavo puede ser la solución. Pero, ese ¿no era el problema?

Libertad, libertinaje y otras patochadas

Esto no es mío, libertad es: “la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”, según nuestro Diccionario. A la par, el que se entrega desordenadamente a los vicios y maldades es un libertino.Y para definir patochada de nuevo el diccionario: Disparate, despropósito.
Al margen de la definición del diccionario, la que mas me ha gustado siempre es “la libertad es poder hacer todo lo que se debe querer”. Frase difícil de de digerir, pero que si abre la limitación del ejercicio de la libertad hasta unos límites, no definidos pero presentes.
Todos buscamos la libertad como si fuese algo que nos falta. Nuestro inconformismo nos hace buscarla por todos los rincones, en casa, en la calle, en el supermercado, en el trabajo y hasta en nuestros sueños......
En esta era de información y desinformación la buscamos a través de la comunicación anónima en esa inmensa maraña que se dice Internet.
La norma de la libertad de expresión proteje su ejercicio hasta en ese medio y se utiliza minuto a minuto.
Basta colocar cualquier página en la red para ejercer nuestro derecho. El límite de ese derecho vendrá dado por el respeto, nuestro sentido de la moral y, como no, la legalidad vigente. Esas condiciones pueden garantizar que lo que acabe apareciendo en cualquier página no sea ofensivo y en todo caso siempre cabe la exigencia de responsabilidad sobre su contenido.
Hace años, cuando el conjunto de la red era mas pequeño, quienes incorporaban contenidos o información tenían bien presente la responsabilidad moral de lo que hacían. Publicar una entrada en un foro se hacía para ayudar sobre alguna materia o problema surgido a otros internautas, desde su conocimiento. Hoy en día, posiblemente por una mala interpretación de la comunicación, entrar en en un foro y conseguir una información válida. supone saltarse cientos de entradas vanas, sin contenido.
Pero a pesar de eso, siguen figurando porque se ha entendido que la libertad de expresión impide su eliminación.
Aún siendo algo público, la utilización de Internet puede hacerse de forma que los contenidos allí incluidos sean privativos para quienes su autor establezca. No hay acceso abierto a todos los contenidos que figuran en los múltiples servidores, situados a lo largo y ancho del planeta.
No obstante, cuando alguien elige que sus contenidos, sus incorporaciones a la red sean públicas y además de ello admite que cualquiera pueda trasladarle su critica no puede, (porque coharta la libertad de quien lo hace) eliminarlos.
Cuando empecé a escribir estas patochadas (que las menos de las veces algun incauto lee) era consciente de ello. Pero entendí que la mejor forma de llegar a conocer el alcance de estos escritos no es colocar contadores de acceso o controladores del mismo para averiguar que ingenuo había caido en mis redes. Por eso a cada uno que le comento esta página, le “exijo” comentarios y cuanto más críticos mejor (soy un poco masoca).
Lo lastimoso (para mi) es que apenas, a pesar del empeño, los recibo pero..... ya vendrán tiempos mejores y en todo caso, está viva mi libertad de expresión y por supuesto la de todos aquellos que deseen ejercerla sobre estas páginas.

Quemados

La primera entrada de este blog fue un pequeño apunte sobre el mobbing. Condicionada por una situación que, aunque lejana, quedó grabada en mi memoria por el efecto que produjo en el trabajador.
Hoy le toca a otro palabro de origen anglófono: Burn-out. “Quemado” en nuestra lengua.
Como del mobbing, se ha escrito mucho últimamente sobre este “padecimiento” y no pretendo emular, reitero como ya lo hice, a quienes lo han estudiado en profundidad, analizado su orígenes y evaluando su tratamiento.
Solo busco a través de estas lineas plasmar experiencias relativas a esa situación, experiencias lo suficientemente cercanas como para haberlas sentido.
El trabajo forma parte de las reglas sociales impuestas y aprehendidas, de forma que es un elemento sin el cual no cabe (salvo casos excepcionales) la subsistencia. No hay, según las normas sociales, alternativas para subsistir que no pasen por la realización de un trabajo remunerado, con cuya remuneración podamos adquirir los bienes y servicios que precisamos.
Hace ya tiempo, cuando nadie se extrañaba de las largas jornadas de trabajo, un alto cargo de la Administración Laboral sostenía, en mi presencia, que es imposible que nadie sea capaz de mantener el mismo rendimiento durante una jornada superior a ocho o nueve horas. Hoy muchos estudiosos han llegado a esa misma conclusión, apuntando que a partir de ocho horas de trabajo puede llegar a producirse situaciones del síndrome del “quemado”.
Esa situación, aunque influye, no es determinante. Hay otros elementos que condicionan su desarrollo: la gratificación personal que suponga el desempeño del trabajo, la percepción subjetiva que supone la compensación económica por el esfuerzo realizado, la valoración personal del tiempo de descanso.... y muchos otros que influyen en la persona del trabajador.
Cuando puedes elegir tu trabajo, porque te gusta, es menos probable que por el exceso de dedicación acabe “quemándote”, aunque incluso en esos casos el paso del tiempo descubre las carencias que se producen por no haberse dedicado el suficiente tiempo a uno mismo, a su familia, a sus amigos...
Que la ley marque unos tiempos máximos para la jornada laboral ordinaria no es baladí. Cuando determina los descansos mínimos entre jornadas tampoco es por trivialidad. Al margen de que puedan considerarse como logros sindicales, se trata de una normativa de protección al trabajador frente a los incesantes requerimientos de algunos empresarios.
Y sin embargo, a pesar de la ley, a pesar de los derechos laborales, muchos trabajadores se ven abocados a jornadas insultantes, a cargas de trabajo mas allá de lo que su contrato, las leyes y su propia capacidad de resistencia les permiten. El resultado es de esperar, personas “quemadas”.
Todo esto se debe considerar como la teoría de un proceso, que se viene produciendo animado por la dificultad de conseguir un empleo digno, empujado por la creciente competitividad, estimulado por el exponencial progreso tecnológico y, porque no decirlo, aunque con matizaciones, consentido por los propios sujetos.
En este, nuestro siglo XXI, en el que se ha incrementado la esperanza de vida, en el que la tecnología nos ayuda día a día para facilitarnos las cosas, en el que la salud física está por delante de cualquier otra prioridad, se está considerando muy poco la necesidad de la salud mental. Esa situación que, sin llegar a destruir a la persona, está impidiéndole estar sano, desarrollar sus capacidades, interactuar con otras personas.
Cuando has pasado por esa situación, cuando estas “quemado” es muy difícil de explicar lo que sientes porque todo se te viene abajo, porque pierdes la percepción objetiva de la realidad llegando a perder la conexión con uno mismo.
Me siento inutil ante la posibilidad de dibujar tan solo el exterior, de alguien que se encuentra en esa situación pero no por eso dejaré de intentarlo.
Imaginemos un gran lienzo en cuyo centro se dibuja la faz de esa persona. Es un lienzo grande, repito, para impedir que la persona pueda salir de el, está lo suficientemente lejos de los lados para que, con sus pocas fuerzas, pueda escapar.
El fondo es gris, no de un bonito gris perla. Gris como esas antiguas peliculas de guerra (en blanco y negro) donde todo, hasta la sangre era gris.
El cuadro no es tan simple. Alrededor de la figura se traslucen manchas, de diversos tonos que la rodean y van adquiriendo formas varias: dagas, espadas, martillos, toda clase de objetos imaginables que van cambiando de forma a cual mas terrorifica y peligrosa. Su color, aunque cambiante, debil y grisaceo, les hace distinguirse del fondo lo justo para que sea un impedimento mas para que la figura alcance algún lado del cuadro.
Si el esfuerzo para describir el conjunto ha sido grande, mayor se hace al intentar describir la figura.
Destacan, no por grandes ni luminosos, sus ojos, sin destellos, sin luz, unos ojos que aún pareciendo perdidos no lo están. Estan cansados. Cansados de intentar alcanzar los margenes del cuadro. Agotados por el esfuerzo continuado de intentar encontrar una salida....
El resto de la figura, estática, solo hace pensar en una situación de calma forzada, de constante lucha interna que apenas se exterioriza.
Ese puede ser el retrato de alguien que sufre. De alguien a quien, intencionadamente, están haciendo sufrir.
Quisiera que este esbozo ayude a los que no ven, a los que cierran los ojos ante estas situaciones y sobre todo a aquellos que aún viendolas las permiten, las consienten y las provocan.
Y a la figura del cuadro decirle que la vida tiene mas dimensiones y que con un poco de ayuda de las personas que le aprecian podrá encontrar la salida. Siempre hay una salida, saldremos heridos, debiles, pero saldremos........ y viviremos.

Los medios de comunicación (como esta casa de locos)

Querido anónimo (querido, en sentido no retorico porque mereces mi estima y aprecio por esforzarte en comentar alguna de mis palabras o palabros).
Me alegra que cada uno y, especialmente tu, encuentre su alma. Perdida en divagaciones en muchas ocasiones, oculta entre nuestros miedos y temores en otros casos o simplemente olvidada en algún rincón que no queremos recordar.
Como se intuye, a lo largo de lo publicado, la Cultura (con mayúscula intencionada) es para mi la base del desarrollo, de todos los desarrollos. Y de todos porque es la base del crecimiento de la persona, del conocimiento de uno mismo, del conocimiento de los demás y de la progresión personal.
Hay quienes, por su capacidad, pueden absorber cultura con criterio propio suficiente, adquirido por la experiencia (yo entiendo que la experiencia se consigue con la reflexión sobre los hechos, no por acumulación de los mismos sobre el individuo) y llegar por esa vía a la capacidad de discernir con objetividad frente a una situación.
Pero todos no pertenecemos a esa clase privilegiada (si así se puede considerar) por lo que nos dejamos guiar por los prescriptores y es aquí donde me atrevo (con cautela y respeto) a entrar en el meollo de tu discurso.
Los mayores prescriptores de la sociedad actual, se encuentran en los medios de comunicación, y entre ellos el de mas capacidad comunicativa, la televisión. Una televisión que está llegando a la saturación de contenidos, a la rutina de programaciones y a la absurda uniformidad de los temas tratados. La única diferencia palpable es la forma y la intención al comentar una determinada noticia, según el color de la cadena en pantalla.
Hace ya algún tiempo, mantuve una conversación sobre el futuro de la televisión. Dentro de un planteamiento de posibilidades técnicas limitadas cabían dos alternativas: incremento de la calidad de la imagen (alta resolución) o incremento del número de imágenes (mas cadenas disponibles). En su momento se optó por esa segunda opción sin considerar que una emisión precisa de contenidos y la consecuencia la sufrimos: si no fuese por la invención del mando a distancia las mas de las veces no encenderíamos el televisor. Ya no “vemos la tele”, saltamos como corzos de una cadena a otra “mirando” lo que aparece.
Cualquier momento es bueno para replantearse los proyectos y, como planteas, una televisión autonómica debe ser una televisión de proximidad, con esquemas que sirvan para expandir la cultura propia (y la ajena), con contenidos no mediatizados por el color del gestor de turno, con profesionales a los que se les permita desarrollar su profesionalidad y, sobre todo, con un condicionante, casi olvidado, que el objetivo de la emisión es un público compuesto de personas ávidas de buenos contenidos, mejores y veraces informaciones ..... calidad.
Convertir los objetivos de una cadena autonómica en las retransmisiones de festejos y sucesos deportivos locales, apoyándose en el sesgo de la información y en la rentabilidad política, sólo tiene el futuro que el político de turno quiera estimar. Pero no dejará de ser un engaño hacia las personas que económicamente la están manteniendo en pie. Personas, público que hay que recuperar a toda costa (no vale el argumento de la cantidad de canales disponibles para el usuario).
Y esa recuperación pasa necesariamente por el aprovechamiento de los profesionales, por el aprovechamiento de esos recursos (que los hay), por la planificación y por ir olvidando como objetivo los favores a productoras externas, cuyo sentido del trabajo no tiene nada que ver con el que se puede instaurar en cada uno de los que están dentro de la empresa.
Hasta pronto querido anónimo, no sin antes agradecerte el tedioso trabajo (es broma) de analizar tu comentario que me ha llevado a escribir lo precedente, que espero que a alguien mas le sirva, al menos como ejercicio de reflexión.

De las emociones (en esta casa de locos)

La diferencia que nos separa del resto de seres vivos conocidos (¿habrá algunos cuya existencia ignoremos?) no son nuestras emociones, sino nuestra capacidad de interpretarlas, expresarlas y trasmitirlas.
La escalada de la semana (me aprovecho, a conciencia, de las ideas de otro que lógicamente no mencionaré) ha sido un continuo in crescendo emocional, desgraciadamente a casi todos los niveles, personal, social, laboral... y más.
Quede el amable lector tranquilo que no le abrumaré (al menos no lo intento) con las cuestiones personales, poco con las sociales y un poco (o bastante) mas con las laborales y con el rastrero objetivo de superar el desasosiego que he ido acumulando por su causa.
En la casa de locos donde intento justificar los garbanzos del día, ha sido una semana convulsa para los curritos (supongo e intuyo que para los directivos también). La excitación estaba sobre las mesas, en los pasillos, junto a los cafés, en todas partes. Porque el futuro está en juego, porque los derechos laborales están pendientes de un texto que todos queremos conocer y que ha sido un parto largo y tedioso, difícil y descompensado, controlado sin sutileza y llevado a cabo sin miramiento.
Cuando en otro momento escribí sobre protocolos, concluía con la necesidad de su moderación con el sentido común. Hoy no queda sentido común en este asunto que nos ocupa. No se han llegado a aplicar los “protocolos”, sustituyéndolos por malas maneras. Por tanto no hay (¡Que descanso!) protocolos mal aplicados, ya que desde el primer momento ni siquiera los hubo.
Pero, justamente, los modales puestos en juego han (no había salida posible) desembocado en la activación emocional.
Y si bien nos distinguimos por la capacidad de interpretación de los sentimientos, en conjunto somos egoístas al aplicarla. Vemos la letra según nos muestra nuestro filtro y ese filtro está limitado por nuestro interés personal, las mas de las veces. De forma que, tras una semana de violencia despachera, de “argumentaciones” prefijadas por terceros, de sinsabores por la impotencia que produce el hecho de que en una empresa de estas dimensiones, no haya personas capaces de objetivizar la situación y evaluarla conjunta y convenientemente, solo nos queda autoconvencernos (dura tarea para algunos de nosotros) de que es lo menos malo que podía pasar.
Al menos, se acerca un final esperado y ante la desesperación cualquier final es bueno (así lo creen algunos) y lo es porque supone poner fin a una situación de ansiedad sostenida y de acoso constante por parte de algunos “compañeros” interesados en ese final a toda costa.
Decía Luis Pastor en su canción “un grano no hace granero pero......” y si no completo la frase es porque en esta casa de locos el compañerismo dejó de existir y el grano del granero está enmohecido, es estéril y ni siquiera servirá para alimentarnos emocionalmente.
Así de triste es, al menos desde mi personal filtro, aunque a lo peor se trate de un filtro demasiado objetivo.