Reiteraciones

Nuestro refranero apunta: “a perro flaco todo son pulgas”. Y vaya con las pulgas y con el perro flaco. Que en los últimos años los salarios medios en este, nuestro país, hayan descendido es ya síntoma de flaqueza.
Llueve pues sobre mojado, porque la caída real de las medias salariales supone, no que los salarios existentes hayan perdido valor, sino que los salarios de los nuevos puestos creados son mas bajos, como consecuencia de la búsqueda de la rebaja de costes que los empresarios ansían desesperadamente para no dejar de tener el máximo beneficio.
Este simple análisis explica a la perfección el comportamiento de las medias salariales descendentes. Como apoyo a esa simpleza, la certeza de que en ningún convenio colectivo se han pactado salarios inferiores a años anteriores. Podrán haber tenido menos aumentos, pero en ningún caso descensos.
Y así ha venido sucediendo año tras año y sector productivo a sector productivo. Salvo... en el sector del perro flaco. Un perrito que por obligada docilidad vio ya en otros tiempos como su salario se quedaba congelado y lleno de pulgas, mientras la economía seguía subiendo, para justificar la ineficiencia de sus cuidadores de entonces: lo políticos de turno. Y no voy, aunque pueda decirlo, de qué turno.
Si en aquellos tiempos no había para dosis de insecticida, ahora cuando la “crisis” se apodera de la manada, menos aún.
Las pulgas son un mal para quienes atraen la mala suerte de forma que cuando pasan por una mala situación ésta tiende a agravarse. Lo peor, que lo malo ya se ha dicho, es que las pulgas acaben siempre en los mismos sitios, en los mismos perros, en los mismos flacos, en el mismo charco, en el trabajador que depende de su salario para llegar a fin de mes.
Los azotes de plagas se han venido produciendo con reiteración en los últimos días. Desde el anuncio de un “necesario” aumento de la edad ordinaria de jubilación, hasta la última declaración de la “necesaria” reducción de salarios de los empleados públicos.
Tal vez cuando criticaba la falta de colaboración de la clase empresarial en el desarrollo convivencial cometí el error de olvidarme del otro estamento privilegiado que, sin titulo empresarial, pretende ejercer como tal en un “mercado” que no lo es, la clase política.
Esa clase que está demostrando no tener eso: clase. Que está olvidando que las clases siguen existiendo aunque se pretendan disimular con términos como la segmentación, la estratificación social...
Sin ir mas lejos, esta mañana, el comentario que me ha surgido en relación a los “necesarios” descensos salariales ha sido que marcaré los billetes que tenga que devolver, como en las películas, para después poder ratificar como esos billetes que no estarán en mi bolsillo acaban en un concesionario de una buena marca de manos de cualquier empresario. Otra vez equivocado, posiblemente la mano no sea la de un empresario sino la de un político.
No ha sido necesario poner una vez mas sobre el tapete la reiterada falta de eficiencia de los sistemas funcionariales, basta con tener capacidad para ejecutar una acción como la propuesta. Haberla hayla y ya se demostró con la congelación salarial de años pasados que llevó a los funcionarios públicos a una perdida importante de su poder adquisitivo.
Parece ser que el 0,3 % de incremento previsto para los funcionarios valencianos en este año no es suficientemente bajo. Parece que habrán de devolver parte de lo que hayan cobrado. Sin anestesia y sin insecticida... picaduras de pulgas a lo vivo para estos perros flacos que nunca tienen bastantes... pulgas.

Los estados desunidos de Europa

Cuando en la América profunda surge un problema, cuando alguno de sus estados confederados cae en desgracia y pierde dinero a espuertas, No Problem, porque para eso está el estado federal, para mantener a flote a todos sus estados y posibilitar, dentro de los margenes de cada uno de ellos, las correcciones necesarias para volver al equilibrio.
España siempre ha sido diferente y por ese afán de contagio parece que, una vez mas (ya lo hizo con el sistema farmacéutico) parece que esté contagiando a Europa para que toda ella sea diferente.
Las diferencias son claras, frente a la necesidad de unidad ante los problemas globales, descoordinación, frente a la necesidad de apoyo simplemente moral, difamación. Y no lo planteo porque considere que haya mala intención (que en algunos casos es notoria) sino porque no hay capacidad de armonía, porque los logros de un país pareciera que han de tener por base las cenizas de otros, como ya pasara siglos atrás.
La historia se quiere reescribir con tono de camaradería y de amable compañía en el camino que supone el progreso. Pero mas bien parece que ese lastre cultural de rencillas reales (por la realeza, que no solo por la realidad) acaba haciendo sucumbir a los herederos de aquellos y sometiéndoles a nuevas luchas fratricidas.
Luchas que no son con lanzas ni espadas sino con palabras y papeles, luchas que no derraman sangres pero si generan miseria. Luchas cuyo único objetivo es el mantenimiento, como siglos atrás, de las situaciones de privilegio. No se trata de beneficiarse de los recursos ajenos. La situación actual, la economía del momento es tan absolutamente frágil que basta una palabra de despecho para hundir un país en la miseria.
La confianza se acaba, pero no porque haya razones objetivas para ello. Basta que una voz salga de entre las palabras escritas o pronunciadas por un locutor cuya única capacidad es repentizar, para que se inicie una secuencia de desconfianza infundada que acabe produciendo los efectos de la mas certera situación desastrosa.
Si en pleno siglo XXI quienes dicen ser cultos y estudiosos, no saben diferenciar una información sobre un hecho de una opinión. Si ni siquiera son capaces de entender que las opiniones hay momentos en los que es mejor guardárselas para uno para no dañar a quien tienes cerca. Si perdemos la lealtad y la ética...tal vez sea el momento de volver al siglo XVI porque en lo referente a capacidades de relación con nuestros semejantes es fácil que en ese siglo pasado ya nos superasen.
La naturaleza humana parece estar destinada a la lucha continua, no por la supervivencia, sino por el mero hecho de ver, con satisfacción, lo mal que lo pasa nuestro adversario derrotado.

Los problemas del Estado

Cualquier tratado de economía establece una serie de atribuciones al Estado. Al que no sea docto en la materia poco le van a interesar. Pero es conveniente que se sepa que efectivamente (o al menos con carácter normativo) esas atribuciones existen, que esas competencias se desarrollan.
Una cosa es su desarrollo, dentro de las capacidades normativas del Estado, y otra que ese desarrollo llegue a producir los efectos deseados.
Los Estados, sus administraciones, cada día son mas grandes, con mas cantidad de funcionarios, mas competencias, mas asuntos sobre los que legislar y por supuesto, con mayores ingresos vía impuestos.
Pero su “poder” no va más allá. Su capacidad de control de los otros agentes de poder queda fuera de sus competencias, fuera de sus niveles de intervención.
De esos agentes, los económicos, son los que tienen el predominio del control real de la población, son los que establecen las condiciones reales de desarrollo de su relación con los grupos sobre los que actúan. No vamos a hablar de cuales son los diversos objetivos de estos grupos. No vamos a entrar en su capacidad para, a través de la globalización, internacionalización y otros procesos recientes del sistema productivo, conseguir su objetivo prioritario: el beneficio económico. Pero si conviene decir que ese proceso de obtención de beneficio se lleva a cabo en una situación global en la que los recursos, los medios de enriquecimiento, son limitados.
Sumar esos parámetros nos lleva a una conclusión clara, que quienes acabarán siendo azotados por ese poder económico serán los más débiles. El Estado queda en segundo plano, su actuación se ve mediatizada y utilizada por esos grupos de poder, dejando en la indefensión a esos débiles.
Tras mostrar esa foto de la situación, la conclusión definitiva no puede ser mas clara. Los pilares de la vida social de este siglo, los pilares democráticos, de participación, de consecución de mejoras sociales, de desarrollo personal, de prosperidad, están quedando muy lejos de los que se planteaban como posibles pilares de convivencia en la segunda mitad del pasado siglo.
La situación es esa, indudablemente, y la pregunta subsiguiente es si caben alternativas a esa situación, si el paso del tiempo será capaz de mostrarnos nuevos caminos.
La historia poco podrá ayudarnos a descubrir esas alternativas, pero sí nos ayuda a entender la situación actual. El problema global está servido, solo falta que algún “solucionólogo” sea capaz no solo de afrontarlo, sino de hacerlo con el suficiente poder como para que deje de ser eso: un problema.

Olvidos

La práctica habitual de quien no se encuentra en una situación, aunque antes haya pasado por ella, es olvidar.
Olvidar que también tuvieron 20 años, quienes tienen ahora mas de 40. Olvidar que pueden llegar a tener 65 años, cuando ahora tienen 40. En fin... olvidar, como objetivo y recurso ante “situaciones presentes”. La razón puede deberse a que el imperante social del momento es ese, el momento, y no cabe el análisis del pasado, no caben las prospecciones futuras. Solo importa el momento.
Si los olvidos son de ese calado, es preocupante la falta de memoria.
Pero mas preocupante es olvidar que un estado es un conjunto de ciudadanos que tienen por objetivo la convivencia. Convivencia que viene mediatizada por una serie de reglas que, poco a poco, se han ido elaborando para conformar esa construcción: el Estado. Reglas que han sido consecuencia de la intervención directa de los ciudadanos sujetos a esas reglas. Reglas que pretenden garantizar la convivencia. Reglas que han venido pretendiendo igualmente que el desarrollo de esa convivencia lo sea de la mejor manera posible para el conjunto de ciudadanos.
Y llegados a este punto lo adecuado es olvidar los apuntes del principio del texto, porque el momento lo impone.
Un momento en el que los planteamientos de solución de los problemas globales del Estado pasan, una vez mas (aunque esto también se ha de olvidar) por el sacrificio de los trabajadores.
Que alguien me explique cómo es posible que en un análisis simple de la convivencia de un estado, es posible olvidar que hay otros elementos que intervienen en su configuración.
¿Donde están los empresarios en este juego convivencial? y, ¿cual está siendo su actuación?, ¿cómo es su comportamiento en ese engranaje que supone la convivencia?.
Superando el olvido (me lo puedo permitir), las relaciones entre empresarios y trabajadores siempre han estado envueltas en un halo de conflicto que periódicamente ha visto modificada su intensidad, desde niveles soportables hasta otros casi excesivos.
En cada momento histórico han operado una serie de procesos que han permitido su superación o al menos su disminución hacia niveles tolerables. Pero cada situación ha conllevado, en los últimos años, la perdida de derechos, de calidad de vida para los trabajadores. Este es un hecho indiscutible.
Cambiando de tercio (aunque ahora no esté bien visto ese proceder taurino) y realizando otro análisis simple de esa estructura de convivencia, nadie pone en duda que la inmensa mayoría del conjunto de ciudadanos corresponde (o quiere corresponder, sin conseguirlo) al grupo de los trabajadores. Los empresarios son una minoría en ese conjunto. Una minoría que controla, con el poder que le otorgan las reglas y otros poderes no contemplados por estas, la sumisión de los trabajadores a sus objetivos.
En la actualidad, se cuestiona la capacidad (con el uso y abuso del término productividad) de los trabajadores. Pero nadie ha cuestionado la capacidad del otro conjunto de ciudadanos, los empresarios.
Quiero, pues, dejar constancia de un hecho incuestionable: los problemas de la convivencia los son de las partes, no necesariamente de una sola de ellas.
Y la capacidad de la otra parte, la de los empresarios, es cuestionable. Muy cuestionable a la vista de las declaraciones recientes y sobre todo a la vista de los resultados de sus, y repito sus, actuaciones.
Por ello, como conclusión, es necesario que “todos” reflexionemos y consideremos adecuadamente cada elemento para analizar sus implicaciones, en esta convivencia obligada. A partir de ahí, con la humildad que nunca ha existido, me gustaría que los empresarios hagan un autoexamen de capacidad y que, como resultado, busquen y encuentren en sí mismos la forma de sortear una situación social que no tiene otra causa que sus propias actuaciones pasadas.

Jubilaciones ?

Viendo una película sobre un equipo de fútbol de los años setenta, reflexiono sobre como han evolucionado las personas con el transcurso del tiempo.
Los jóvenes de aquella época nos parecen viejos ahora. Supongo que no porque entonces no fuesen jóvenes. La evolución darwiniana no opera cambios en tan breve plazo. Los cambios son meramente de apariencia, pero haberlos haylos.
Y fijándome en los “viejos” de esa época parecen mas viejos que los de hoy. Tal vez aquí haya que añadir que de entonces a ahora la esperanza de vida ha crecido. Pero esa apreciación opera en sentido contrario a lo planteado con los jóvenes. Porque nos dice que los viejos de ahora son mas viejos que los de hace cuarenta años.
Tanto embrollo para concluir que un señor o una señora de 65 años hoy parece mas joven que hace 40 años pero sigue teniendo 65 años. Su organismo sigue teniendo la misma edad, los mismos problemas (aunque paliados, que no eliminados, por la evolución no darwiniana en este caso sino de la medicina y de la tecnología).
Si hace 40 años (lamento tanta repetición de cifras) esa persona con 65 años se merecía acceder a la jubilación era por una causa objetiva que hoy persiste: sus condiciones físicas, su edad.
Las circunstancias sociales cambian, y de hecho en nuestro país han cambiado mucho.
Nuestros gobernantes, intentan adaptarse a esos cambios sociales porque la adaptación es necesaria para progresar.
Pero los cambios han de estar soportados por análisis de las situaciones, análisis completos que no se limiten a aplicar medidas concretas sin evaluar el conjunto de la situación.
La edad de incorporación al trabajo ha subido de los 14 años de aquella época a los 16 de ahora y probablemente los 18 de un futuro no lejano.
Los motivos de esa evolución son de carácter formativo. Los puestos de trabajo precisan hoy mas cualificación que antes. Pero la realidad es que hoy la incorporación real al trabajo no se produce, a pesar de estar formados, ni a los 16 ni a los 18 sino mucho mas tarde. La causa no es otra que los niveles coyunturales de desempleo.
Muchos se han preguntado si el trabajo se ha convertido en un “mal” escaso. Y la respuesta puede ser que desgraciadamente si. Y si es así, escaso, es porque nuestros gobernantes, nuestros empresarios y quienes en definitiva tienen una responsabilidad dentro de las estructuras sociales, no han tomado las medidas adecuadas para que sea menos escaso. Pero la realidad no es otra.
Quienes han pensado que la solución al problema de los costes de las jubilaciones pasa por evitarlas elevando la edad de jubilación no han tenido en cuenta la escasez del trabajo. No han tenido en cuenta las consecuencias sociales en los sectores mas jóvenes de la población. No han tenido en cuenta que el resultado de esas consecuencias se va a trasladar a los mayores. En fin, han dejado demasiadas variables fuera del análisis cuyas consecuencias serán imprevisibles.
De momento se pueden apuntar algunas evidentes: aumento del desempleo (juvenil, el mas castigado), aumento de las cargas de las familias que tienen jóvenes en esas edades, perdida de competitividad por la no incorporación a las plantillas de personal (jóvenes) mas cualificado, y así un sin fin de posibles repercusiones y ninguna de ellas positiva.
En resumen, no han tenido en cuenta el calado de la medida en el conjunto de la estructura social.
Esta reflexión no llegará seguramente a ninguno de los que se encuentren en posición de tenerla en cuenta a la hora de adoptar medidas sociales, pero aquí queda.

Influencias, prescriptores, informaciones...


El término prescriptores lo he utilizado abundantemente en ocasiones anteriores. Creo que hoy en día, y así se ha justificado, la influencia que llegan a tener es lo sufiencientemente grande como para reincidir en los efectos de sus actuaciones.
Si añadimos que un prescriptor puede situarse en diversos ámbitos de la vida social y que uno de esos ámbitos suele ser la industria mediática, concluiremos en que la superposición del informador con el prescriptor puede llegar a producir graves efectos (por defectos) en la información que se ofrece al ciudadano de a pié.
Ayer Antonio García Barbeito lamentaba la agresión producida a Hermann Tertsch en un escrito que concluía con la frase: “No me preocupan las plurales ideas de España”.
A mi me preocupa enormemente que se esté tendiendo a la radicalidad en esas ideas plurales. Que se tienda a aprovechar situaciones con gran repercusión mediática para, extrapolar conductas que no se han comprobado. Que se infieran acusaciones cuya única motivación es la pluralidad de esas ideas que García apunta.
Y todo ello por faltar al principio de la profesionalidad (los informantes) y al principio del respeto (los políticos de turno).
Así pues, ante situaciones como esta, solo debe caber la prudencia, prudencia hasta recabar y confrontar informaciones, prudencia hasta ser conocedores de los hechos y prudencia a la hora de pronunciarse ante un público que, lejos de participar en batallas mediáticas, pretende ser conocedor de los hechos, de la verdad.
No sirven argumentaciones de comportamientos previos, si Tertsch viene manteniendo una actitud insolidaria, si sus criticas y manifestaciones se encuentran en los límites de lo moral y hasta legalmente posible, es harina de otro costal.
Los hechos son los que han de marcar las pautas. Su investigación, su análisis, independiente de cualquier predisposición personal, ha de prevalecer sobre cualquier otro interés.
Y curiosamente ante situaciones como esta, esos hechos son los menos conocidos. Porque de otro modo los titulares hubiesen apuntado en que circunstancias se produjo la agresión, tal como algún medio bien informado señalaba “una agresión sin componente ideológico”. Hubiesen concretado con claridad que se produjo “a altas horas de la madrugada” (nocturnidad y alevosía). Hubiesen indicado como otras fuentes lo hicieron que “bien pudiera haberse debido simplemente a un atraco o una pelea” (que a casi cualquiera le puede pasar).
Pero esas interpretaciones de unos hechos aún no probados no “arrastran audiencia”, es mas fácil, aprovechando la cualidad de prescriptor, derivarlas hacia posiciones mas “provechosas”.
No importa si ese comportamiento acaba afectando a alguien, si en el “fragor de la batalla” se acude a mentiras proferidas por el político de turno para acaparar audiencia. Todo vale, vale.
(Sea esta última palabra como fuere usada por Cervantes, la despedida.)

Tiempo ...

Se acaba el año... se acaba una etapa de la vida de cada uno de nosotros, una etapa que tal vez recordaremos mas adelante. Y seguro que ese recuerdo será completamente distinto a la realidad de hoy. El tiempo, ese tiempo mitigador, ese tiempo que cura, se encargará de pincelar adecuadamente las rasgos que hoy mismo tenemos marcados a fuego, con dolor, con ira.
En otro momento distinguía la capacidad de la naturaleza de hacernos ver, sin que seamos conscientes de ello, ese paso del tiempo. Aprendemos de ella, pero no lo suficiente. Porque nuestra estructura vital se ha tornado, como ya apuntaba, lejana a la esencia de la naturaleza.
Por empezar por algo, que día a día pretende enseñarnos y no aprendemos, podemos hacerlo con lo efímero de las cosas. La virtud de los elementos bellos, y no tan bellos, que la naturaleza nos ofrece viene condicionada por su carácter temporal, por su momento. El hombre, como elemento de esa naturaleza, es el único que ha pretendido romper con esa regla de oro. Inventando sistemas que “perduran”, que se instalan en nuestro mundo para perdurar, perdurar mas allá de lo que “naturalmente” es posible.
Y en medio de esos impulsos “sociales” de perdurabilidad, nos encontramos nosotros, naturales y sujetos al paso del tiempo. Paradójicamente, formamos parte de esa sociedad que se orienta a la “inmortalidad” con nuestra mortal y natural condición.
Es perverso pretender que la afectación del tiempo en nuestras vidas sea sea una condición limitante de nuestra “participación social”. Pero es mas perverso pretender que esa participación vaya a hacer de nosotros escapistas de la naturaleza.
Nos falta la aceptación de esa condición, la asunción de nuestra naturaleza.
Alguien pretende ver en esa capacidad de formar el futuro una esencia de la propia naturaleza humana. Cabe ese planteamiento, como también caben muchos otros de tipo espiritual.
No pretendo limitar esa espiritualidad, no pretendo echar por tierra las esperanzas que se van acumulando en la bolsa de cada uno de nosotros. Pero si quisiera que cada brizna de esperanza, cada intento de perdurabilidad se viese acompañado, que no limitado, por la correcta percepción de sus objetivos, por la correcta consideración de sus características naturales.
Así nos presentaremos ante el nuevo año.

Señales

En este momento, del mundo que nos ha tocado vivir, estamos sujetos a la libertad y sobre todo oprimidos por su ejercicio indiscriminado y tendencioso.
El mal pensante no seguirá leyendo al entender que lo escrito atenta contra el sistema democrático cuyo bastión es precisamente la libertad.
No pretendo cambiar los valores establecidos, nada mas lejos de mi intención que entablar un debate sobre los límites de las libertades. Pretendo centrarme en la capacidad de los medios de “modificar” las opiniones de los demás.
En otra ocasión plantee la figura del prescriptor, que con el apoyo de los medios de comunicación, consigue que el individuo tome partido por una opción sin que en ningún momento haya tenido la información suficiente para ese decantamiento.
Encontrarnos en un mundo en el que las áreas de conocimiento se han extendido tanto, hace casi imposible que cualquier persona pueda ejercer su capacidad crítica con conocimiento de causa. No es menosprecio de esas capacidades, es una realidad que nos invade día a día con informes científicos (algunos), informaciones (en otros pocos casos) y (sobre todo) opiniones.
Opiniones que no interesa diferenciar del resto de elementos citados, que en la mayoría de los casos se disfrazan de informaciones y los mas osados hasta de informes pseudocientíficos.
El objetivo en todos estos últimos casos es el mantenimiento de las cuotas de poder, de ese poder que otorga la audiencia en los medios. Estar en el candelero tiene su coste y muchos están dispuesto a pagarlo.
Aunque ese coste sea faltar a la verdad, aunque ese coste suponga eludir los principios del profesional, aunque ese coste suponga mayor coste para terceros, aunque se sea consciente del mal hacer y del daño cometido. No importa, porque actuando de otro modo (el correcto y honesto) puede perderse audiencia, cuota de pantalla y hasta el rol de prescriptor.
Teoría y teoría, ¿donde está la práctica? ¿una muestra?: el cartel que ilustra este artículo y sus consecuencias.
Una emisora de televisión informa del curioso cartel, colocado expresamente por una comunidad gitana (no ha de cuestionarse, puesto que documentalmente así se comprobó). Un cartel que cumplió los objetivos de seguridad de los transeúntes (niños o no, gitanos o menos gitanos) y con el que hasta los que cumplían con su obligatoriedad (relativa) de cumplimiento estaban de acuerdo.
Es el escueto relato de una situación objetiva que permitió resolver una problemática real sin que nadie de los implicados en el proceso se sintiese ofendido.
Al día siguiente, un prescriptor de los medios de comunicación, eludiendo el trasfondo de la noticia hace polémica sobre el cartel, acude a los sentimientos de racismo y postula mil elucubraciones sobre las “responsabilidades” de este tipo de “comportamientos”.
Lógicamente, quienes no siguieron el día anterior la noticia (se difundió en otra cadena) acabarán convencidos, por este prescriptor mal informado, de la negatividad de esa acción de colocar el dichoso cartel.
Creo que es suficiente lo escrito para comprender que la responsabilidad de la información es lo suficientemente importante como para no eludir la documentación que soporte la noticia. Creo que queda suficientemente claro que se debe diferenciar con claridad lo que es una información, documentada, analizada, estudiada y elaborada con objetividad, de lo que es una opinión para lo que únicamente se precisa capacidad dialéctica.
Pretender que las informaciones vayan acompañadas de sus fuentes (como sucede en los informes científicos) es absurdo. Pero pretender que cualquier información sea la consecuencia de un proceso que a todos los profesionales se les enseñó, es una necesidad. Y sobre todo pretender que se informe con objetividad, veracidad y claridad es un derecho que viene reclamado por la propia libertad, esa libertad que al principio pareciese cuestionada.

¿Una lección de economía?



Como tantas otras veces, en las ultimas semanas, se ha utilizado con cierta ligereza la idea del modelo productivo.
Se asevera que la “salida de la crisis” está condicionada al cambio del modelo productivo.
Hasta aquí, bien.
Ahora, cuando el cambio propuesto se dirige hacia la modificación de los elementos producidos, cuando se plantea que se ha de cambiar “el ladrillo” de las viviendas por “el metal” de los coches, cuando se llega a juzgar con severidad la capacidad de producir elementos de calidad en nuestro país, se está malinterpretando el concepto.
Un modelo productivo es el que consigue que una estrategia de ganancia se pueda llevar a cabo, se materialice en ese objetivo: ganar.
La diferencia entre los modelos productivos no son, pues, los materiales sobre los que se actúa, sino como se actúa sobre esos elementos para conseguir el beneficio.
Algunas de las grandes palabras que se muestran en cualquier tratado de economía son: diversificación, flexibilización, disminución de costes, calidad, aumento de producción, innovación y creatividad.
Con esta pequeña introducción, creo que es fácil entender que las grandes palabras apuntadas son las que condicionan la estrategia productiva, y por ende el modelo de producción del que tanto se quiere hablar.
Pretender que los trabajadores de la construcción se dediquen a construir coches no es cambiar el modelo productivo, ni siquiera se acercaría a una estrategia de diversificación.
Pretender que “papa estado” acarree con las consecuencias de los errores empresariales es romper la estructura social.
La incertidumbre de una actuación empresarial es parte del “juego” económico. Si las ganancias son buenas, el empresario gana. Si no lo son, han de formar parte de las previsiones que el empresario debió tomar y ser él quien asuma la perdida y quien adopte las modificaciones que le lleven de nuevo a un período de ganancias.
Por no extender este pequeño apunte, cuyo objetivo es la reflexión sobre la ligereza en el uso de las palabras, concluir que los modelos productivos alternativos que pueden dar buen resultado económico son bien conocidos. Solo hace falta no equivocarse una vez mas en la elección de las estrategias empresariales y llevar a cabo un cambio del modelo productivo bien entendido, que considere con todo su calado la incertidumbre y que se aleje del proteccionismo del estado que a lo único que nos acerca es al desequilibrio social y a la pobreza en todas sus facetas.

Detalles...


En una sociedad en la que “todos” somos distintos, en la que los esfuerzos de marketing y ventas se empecinan en “hacernos” distintos, apenas algunos nos damos cuenta de que tras el bosque de diferencias implementadas, seguimos siendo iguales.
Iguales al emocionarnos, iguales al sentir alegría y sufrimiento. Iguales en nuestras necesidades de fondo, y al fin iguales ante las leyes. Porque estas son las que determinan la base del funcionamiento de la sociedad y nosotros, como individuos, no merecemos (aunque algunos lo pretendan) un trato distinto al de nuestros conciudadanos.
Y por eso cuando nos llaman ante la justicia, para aplicar la ley, da igual que lo hagamos con traje de Armani o vaqueros, con bolso de Louis Vuitton o comprado en el mercadillo, somos iguales.
Y esa igualdad ha de operar hasta el extremo de impedir que alguien cene en Nochebuena con jamón de Jabugo regalado, a cambio de favores, por un administrado. No estoy en contra del jamón, estoy en contra de la forma en que algunos lo consiguen.
Este país sigue siendo un país de dádivas. El enfermo que se ha recuperado por la intervención de un empleado público, se ve “obligado” a llevarle un “regalo”. Regalo que acaba en la basura o en cualquier lugar bien distinto al que aquel enfermo había previsto.
Este país sigue siendo un país de feudos, donde al señor feudal se le permite todo y se le ofrece más.
Donde el señor feudal tiene el derecho de exigir sus “compensaciones” por los “servicios prestados”.
Pero “querido pueblo” los señores feudales de hoy en día están en ese puesto porque “el pueblo” los ha puesto. No hay Dios que nos los imponga. Ni Cristo que los haya bendecido como señores feudales. Y todos ellos han de entrar en esa igualdad que se esconde tras el bosque.
Llevemos adelante el esfuerzo que supone arrancar algo obsoleto de nuestra cultura. Tomemos la decisión que requiere iniciar el desarraigo. Consigamos una sociedad a la altura de nuestro tiempo. Que “los ricos” no dejarán de serlo porque han acumulado sus bienes aprovechando el esfuerzo de los demás. Que “los pobres” también tienen derecho a probar el jamón de Jabugo alguna vez aunque compren sus ropas en el mercadillo de la esquina.